Verborrea Esporádica

 

La chica del cocker

La tontá esta va de: // Y la parió tupolev a las 4:15 am

Desde su tribuna dominaba toda la calle. Eran las doce de la noche y sabía lo que iba a pasar. Se podría decir que lo esperaba impaciente.

En ese momento, como activada por un resorte, apareció esa chica. Cada noche a esa hora, ella sacaba a pasear a su perro, un Cocker negro cuya serenidad siempre le extrañó. Por lo poco que sabía de perros, esa raza solía ser bastante inquieta y juguetona. Una vez más, la absurda máxima del parecido entre perro y dueño se cumplía, pues la muchacha, con su aire solemne y de vuelta de todo, despertaba en él la misma extrañeza que su peludo acompañante.

Mario solía empezar las noches de manera relajada. Tras revisar las tareas pendientes y completar las más fáciles, echaba un ratito de charla por Messenger con Sofía, quien aprovechaba las últimas horas del día para continuar una batalla dialéctica imposible con un ceporro neocon venido a más, al que ella llamaba wifi. En esos minutos de relax, Mario había tenido tiempo durante un año de noche, de estudiar cada rasgo de la figura de la chica del cocker, en el minuto escaso que ella pasaba en su campo visual.

Había trabajado de día también. Y la había observado pasear a mediodía. Incluso una vez habló con ella en el supermercado, aunque no resultó de muchas palabras. Pero esas gafas de sol, tipo visera de piloto de MIG-25, erradicaban gran parte del halo de misterio que tanto atraía a Mario. Además, la noche le daba una luz especial, como si no fuese de este mundo.

Todo esto no es verborrea gratuita. La muchacha vestía completamente de negro. Y cuando digo completamente, quiero decir de arriba a abajo. Desde sus zapatillas valencianas hasta el color de su larga melena, pasando por su cazadora, que sustituía por camisetas de generoso escote, a medida que el buen tiempo llegaba. El color negro contrastaba con la palidez de su piel, tan común por las tierras mesetarias, donde Mario llevaba algún tiempo trabajando. Más de una vez se había quedado sin palabras a su paso, mientras charlaba con su compañera, que se reía y tapaba la cara, pensando “este chico no tiene remedio".

Pero esa noche algo había cambiado. Esa noche la chica vestía de blanco. Con la radicalidad que solo ella podía demostrar, había cambiado su siniestro atuendo, por uno completamente blanco. De los pies a la cabeza y cambiando solamente el color, pues la ropa parecía ser la misma. En la aburrida vida entre semana de nuestro protagonista, esto era todo un evento. ¿Qué significaba? Tras un año, había dado por sentado que la chica tenía una enfermiza atracción por el color negro. ¿Por qué de repente cambiaba por completo? ¿Y por qué al blanco? ¿No debería entonces haber teñido al perro también?

Por otra parte, si algo había que a Mario le gustase más que una chica de negro, era una chica de blanco. Dos minutos después de que ella desapareciese de su campo de acción, un ring le despertó de su estado catatónico y se descubrió, con los ojos como platos y la boca abierta, sin saber a ciencia cierta si ella o cualquier otro viandante podía haberle visto en esa inquietante pose.

Eran las doce y cinco de la noche y uno de los servidores no daba señales de vida. Bonita forma de estrenar el mes de noche que le esperaba.

Stewie dice: Quiero mis comentarios, tío!

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