Recuerdo artificial
Algo sucedió. Cuando ella le dijo adiós, el dolor se volvió tan fuerte que se mareó y cayó redondo al suelo.
Despertó, entre sollozos, pero no entendía por qué. Tan solo sentía un terrible vacío en su interior. Recordaba vagamente tiempos de inmensa felicidad, junto a alguien que no alcanzaba a reconocer, ahora que había despertado. No acertaba a enfocar su cara y su cuerpo, a pesar de sentir que lo había recorrido mil y una veces, no le sonaba.
Tampoco sabía decir dónde se encontraba ahora. La habitación, sucia y dejada, podría ser perfectamente la suya, pero no recordaba cuándo la vió por última vez. Se levantó del colchón en el suelo y se dirigió a la ventana. Aquella fría mañana llovía sobre la ciudad, que debía ser Madrid, si aquella habitación era la que recordaba.
Sus movimientos eran torpes, tropezaba con todo. La mochila, la silla, la cama de “invitados". Pero sus objetivos eran mecánicos, como retomando una rutina jamás olvidada. Entró en el cuarto de baño y se miró al espejo. Al menos, él seguía siendo como se recordaba. Aquél tipo alto y gordinflón de mirada triste. Se agachó hacia la ducha y abrió el agua caliente, intentando recordar lo que había estado soñando y, lo que es más, su vida anterior.
¿Por qué aquél vacío? ¿Por qué no era capaz de sonreir? Se recordaba a sí mismo como un tipo optimista.

Se volvió hacia el lavabo y descubrió algo junto a su bote de colonia: un pequeño colgante en forma de concha azul. Lo cogió con una mano y lo puso sobre la otra, para observarlo, atónito. De repente, un torrente de imágenes, voces, olores y sensaciones le atravesó, a la vez que un escalofrío rasgó su espalda de arriba a abajo. El espasmo le hizo levantar la vista, descubriendo una inscripción en el vaho del espejo, que hizo que una lágrima cayera por su mejilla. Recordó.
Desde entonces, pasó cada día de su vida deseando ver llegar la noche, para explorar sus sueños hasta encontrarla de nuevo. Nunca recordó su pasado, pero su única ilusión era continuar aquel recuerdo, devolver el colgante a su dueña. Aquélla que una vez le sonrió, mientras le observaba a través de ese mismo espejo.
Pero jamás volvió.
Saratoga - Fé (Gracias, Edu
)
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