El negocio de las redes WiFi
Una hora cualquiera de un día cualquiera. Paseo por Madrid con una buena amiga cuando, al pasar por un Starbucks, mi reloj biológico me dice que es hora de tomar un café. Mientras espero mi Mocca Latte Iced Mongler, me fijo en un tríptico sobre el mostrador: Internet sin cables. Hojeándolo, solo veo pantallazos de un formulario de una empresa llamada Swisscom.
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No necesito leer más. La triste realidad, es que no es un servicio gratuito. La infraestructura y la conectividad las provee Swisscom a Starbucks, ellos ponen los sofás y el café. La última vez que usé un servicio de este tipo, fue hace un año en el Aeropuerto de Barajas y el precio rondaba los cinco euros por hora de conexión. Y eso que el terminal lo pone el usuario.
Me río, recojo mi café y mientras nos lo tomamos por la calle, recuerdo como empezó todo esto, hace unos años.
Nos creíamos los reyes del mambo, asistíamos en primera fila al nacimiento de un nuevo paradigma de la comunicación. El concepto Always On, elevado a su máxima potencia. Las redes inalámbricas salían de casa y parecían querer comerse el mundo, mientras cada vez más dispositivos incorporaban conectividad para éstas.

























