Fiebre de consumo
Navegando por ahí -dejémoslo ahí, porque para trazar desde dónde empecé hasta dónde acabé, iba a parecer un log de erorres de Tomcat-, me he topado con un genial artículo de un tal Pedro Prieto, para El Inconformista Digital.
El texto trata sobre un parque comercial. Habla de uno en concreto, pero es extensible a cualquiera de los miles dispersos por el territorio nacional (S.L.).
Fiebre de consumo
El otro día fui a un lugar a ver una película. Me encontré con un sitio que describiré a continuación. Daré algunos nombres de marcas, los menos posibles, pero no con la intención de hacer propaganda, ni tampoco con la de hacer una crítica particular concreta, aunque comente alguna de ellas. Esta crítica es al sistema.
Lugar: Majadahonda, Madrid. Sitio Park Equinoccio. Empezamos bien. El gigantesco título dice, en inglés, “Park”, aunque estamos en un lugar de España. Como se idiomas, me dije: así que esto es un parque ¿no? Pues veamos que tiene este parque. Había un título grande a la entrada, junto con personajes de dibujos animados estadounidenses muy conocidos, que éste si, prometía en español: “Sólo para disfrutar”. Y me llevé la primera alegría. Pasé dentro. Lo que vi me obligó a restregarme los ojos. Me tomé la molestia de listar los lugares que completaban ese “parque sólo para disfrutar” Son los siguientes:
- Tienda de Coronel Tapioca (ropas y accesorios para exploradores exóticos, y actividades al aire libre. Cara, por la marca)
- Tienda de collares.
- Tienda de jabones exóticos, de colores, olores y formas caprichosas.
- Foster’s Hollywood. Todo en inglés en los escaparates.
- Patatin Company. Estos empezaron bien y acabaron en inglés, o sea, mal.
- Restaurante – Pizzeria
- Pizza Queen
- Tienda de golosinas
- Tienda de helados
- Tienda de chocolates
- Salón de videojuegos enorme. Con multitud de máquinas en las que uno podía matar doscientos soldados enemigos por minuto.
- Flanaghan’s Irish Tabern. Estos mal, desde el principio al final (en el cartel, quiero decir, claro, sin prejuzgar los productos y servicios del interior).
- Cervercería. ¡Aleluya, algo en español!
- Panchos, Frankfurt, Batwurst. El ultimo, suena a regüeldo de repollo fermentado.
- Häagen Daz. Helados de postín.
- Bar & Grill The House of Steacks .La y del churrito ingles, era uno de los símbolos dominantes del parque.
- Jamaica Coffee Shop. ¡Mira que me caen bien los jamaicanos y lo mal que me cae que digan las cosas en inglés en España!
- Cantina Mariachi. Gracias a Dios éste parece que está en español, aunque es mejicano.
- Restaurante-cervecería. Y van dos que entiendo.
- VIPS, Ginos, pasta & pizza. Lo dicho, lo del rabito, copulativa conjunción que me trae por la calle de la amargura. Y luego, un sitio que, y oque se idiomas, creo que significa Very Important Persons, aunque no estaba lleno de filósofos o matemáticos o gentes de renombre, sino lleno de gente de lo más vulgar.
- Burguer King. El rey de las imposiciones gástricas, ideológicas y culturales. Por el bajo vientre hacia Dios.
- Ilusiones. No recuerdo de qué era. No debió hacerme mucha ilusión.
- Telefónica Movistar. Esta sí me suena. La primera, claro; la segunda ya no tanto. Me suena a gasolina de alto octanaje en circuito cerrado, a pilotos de diversas fórmulas, convertidos en hombres anuncio y a teléfonos portátiles, ahora llamados móviles (como si se pudiesen mover por sí mismos)
- Gossua Pintxos y sidra. La jibamos, tía Manuela. Para un vasco que viene y puede poner un bonito apellido vasco, luego la “kaga” poniendo “kas” al castellano o español para hacerlo parecer más vasco.
- Cervecería-restaurante. ¡Y van tres!
- Tienda de mobiliario. Vendían, como todos (no es delito querer vender) pero al lado de los demás, parecían un tanatorio.
- Tienda de moda. Nada que comentar.
- Gallery House. Ambients. Muy mal “ambient”
- Perfumería de lujo (no recuerdo si había perfumerías básicas o elementales)
- Surf Shops. Pues no había tablas de “surfing” en contra de lo que pudiera parecer.
- Tienda de zapatos y bolsos.
- United Colors of Benetton. Estos son italianos, creo, pero venden en inglés, con anuncios de caras de negritos, chinos o amarillos, rojizos y blanquitos lechosos, todos juntos como en “we are the world”, que nos recuerdan a las huchas del Domund
- Tienda de lámparas. Me llamó la atención que no tenía nombre. Le debe quedar poco a este propietario. Morirá por falta de marca.
- Tienda de muebles. Completaba el panorama funerario con la anterior.
- Marina D’or. Venta de apartamentos playeros en Oropesa. Supongo que quiere decir marina de oro en valenciano, pero no estoy seguro.
- Tienda de cuadros.
- 20 cines, en los que se exponía un 90% de películas hechas en EE.UU.
Y eso fue todo, amigos. Así son ahora los parques en nuestro país. Estaba lleno de jovencitos y jovencitas, con el bullicio tan alegre, que tanto anima, de la juventud inquieta. Ellos seguían con sus patrones de cortejo y demás, propios de la edad y yo disfrutaba viéndolos vivir y reir. Pero no disfrutaba viéndolos consumir.
Esos chicos y chicas dan por supuesto que los “parques sólo para disfrutar” son eso: lugares en los que si quieres sentarte, tienes que consumir y pagar. No había, lo comprobé exhaustivamente, ni un solo banco público libre y gratuito para sentarse. Todas las mesas y sillas eran de los establecimientos, sólo para consumir y pagar. Para llegar a este sitio, lejos del núcleo urbano de la mayor parte de este municipio, hace falta ir en coche. Más consumo.
Vi jóvenes gordos y muy gordos. Miré las tiendas de helados, las de golosinas. Vi las tiendas de los cines, que expendían unas cajas de maíz, untado con una mantequilla de espantoso olor, ante las que hacían cola centenares de personas, para gastarse el equivalente de la entrada de cine, en comprar una caja del tamaño de dos veces su cabeza. Eran verdaderos pesebres portátiles. No tenían nada que ver con la bolsa de pipas de girasol tostadas de mi infancia. Eran monstruosamente grandes. También vi como les proveían de abrevaderos, que consistían en unos recipientes de litro de un extraño compuesto de hielo picado, con un líquido oscuro de burbujas, todo ello cubierto por una tapa, agujereada para pasar una pajita con la que succionar.
Los jóvenes hacían una nerviosa y apabullante cola, que me recordó a la de mis ovejas, empujándose para entrar en el redil, cuando las echamos el mismo maíz, pero con mazorca y tallo.. Dentro ya del cine, observé que los asientos estaban dispuestos para colocar el abrevadero y el pesebre portátil, de forma que la deglución de esos elementos les fuese más cómoda. Pensé que si eran capaces de digerir eso, saldrían con la tripa hinchada como un buey muerto, después de tres días al sol. Y entendí porque los jóvenes están cada vez más gordos.
Recordé los parques antiguos, esos que tenían bancos y urinarios públicos y gratuitos, pagados por ayuntamientos que ahora no tienen presupuestos para dar atención a ancianos con problemas de próstata o para sacar del apuro a papás con niños incontinentes. Recordé los tiempos en que la gente salía a pasear y si podían, a tomar una horchata o un agua de Valencia en toda la tarde, no a gastar o consumir, como ahora, y si no queda más remedio, a andar desde el estacionamiento de vehículos hasta el “Park” ¿Por qué lo llamarán parque, si es un centro comercial o un mercado?”
Luego pensé en cómo se está generalizando esta forma de vida en toda la ciudad, en todo el país. Y pensé lo inútil que son los llamados de las ONG’s a que preservemos el planeta, mientras seguimos con estos patrones de consumo, cada vez más desbocados. Lo difícil que será convencer a los hiper excitados niños, acostumbrados a estar continuamente consumiendo, a volver a parques a charlar, sólo a charlar, o a correr ,o a jugar o a cortejarse. Y cuando tengan sed, a ir a la fuente pública (otra especie en vías de extinción; gracia de los ayuntamientos a las concesiones de bares, cervecerías, cafeterías o heladerías, que les reportan más ingresos por impuestos que una fuente de agua pública y gratuita. Pensé lo difícil que será que los jóvenes y en especial las jóvenes, éstas últimas mucho más preocupadas por su cutis y mucho más influenciadas por una propaganda televisiva que las obliga a ser perfectas de cuerpo, aprendan que una cosa es no deshidratarse y otra, muy distinta, vivir con una botellita de plástico de agua “mineral natural” pegada a la mano.
Va a ser muy difícil dar la vuelta a esto. Porque yo recuerdo que a mi también me gustaban las golosinas de pequeño y alguna vez, a hurtadillas, hasta me di un atracón, con el resultado que uno se puede imaginar. Pero había conciencia de que eso era irregular y no deseable y los padres tenían conciencia de que las golosinas tenían que ser muy poquitas y muy reguladas.
Salí triste del “Park” aquel. Lo veo difícil. Veo a la gente poco preparada para llevar a cabo una vida sin tanto consumo superfluo e inútil. No vi ni una sola tienda ¡ni una!, que no fuese prescindible para llevar una vida normal. Y solo vi tiendas en aquel llamado parque. Eso antes se llamaba “mercado”, no parque, sobre todo, para no confundir. Pero claro, con tantas horas de anuncios televisivos al día, excitando los jugos gástricos de los centros neuronales del consumo, con tanta frase en inglés y con tanta tontería de conjunciones copulativas bastardas, uno termina confundiendo el culo con las témporas y el consumo, puro y duro, con el disfrute.
Dime algo, cojones!
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25/10/2007 a las 10:37 am
Bueno ya sabes lo que opino yo al respecto.. por eso huí de la ciudad
, mientras tengamos alternativa…
Sólo me sale una frase q expresar :
” Esta vida es cara, existe otra… pero no es vida ”
( me encanta esa frase) xDD
25/10/2007 a las 10:43 am
Chica, no se que decirte. A mí me gusta la vida urbana, pero lo de los centros comerciales a veces es demencial xD