Primer trienio
Tres años hace ya, desde que pisara tierra madrileña para quedarme. Lo cierto es que, cuando salí del metro aquella mañana de Mayo, con una maleta de ropa y una mochila llena de ilusión, incertidumbre, mi portátil y mi iPloff, imaginé mil historias por vivir, pero jamás habría acertado a ver que esto sería así.
Han pasado miles de cosas y sin embargo, mi camino acaba de comenzar, como quien dice. He vivido como he querido y he luchado hasta el final por aquéllo en lo que he creído.
Y ahora, tres años y seis puntos menos en el carnet de vivir después, aprendo a trompicones a conducir mi vida sólo, sin hacer más ruido del necesario, con el depósito siempre en la reserva y un RedBull en la guantera, para no perderme nada en el camino.
No se cuándo ni dónde acabará la travesía. El GPS lo desterré hace tiempo al cajón de las cosas que no quiero en mi vida, donde tiempo atrás tiré la camisa que he vuelto a ponerme ahora y donde algún día espero tirar para siempre esta soledad.
Pero lo que es seguro es que, mientras me dejen y mientras quede una parada donde hacer una foto, donde conocer a alguien, donde admirar una cumbre nevada o un acantilado sobre el mar, seguiré adelante.
Termino aquí, por hoy. Es hora de dejar la sórdida gasolinera desde la que escribo.






















